jueves, mayo 07, 2015

Morada

F:Gabriela de Echave

Si hay algo que siempre me atrapó y que he reflejado en mis poemas y mis lecturas desde que empecé a escribir es la multiplicidad de sentidos que tienen las palabras. La lengua no es unívoca y en los intentos de comprensión cosemos sentidos posibles y elaboramos terrenos comunes en los que nos movemos. Toda la teoría de los signos que engullí durante años no me ha servido más que para divagar en estas comprensiones posibles y conformar una idea diversa y no siempre consistente de esta cuestión que me apasiona: el lenguaje.

No busco crear una teoría ni reescribir las existentes. Quiero jugar con las palabras. Eso hice durante 10 años en este blog. Cada vez con menor presencia bloguera, pero seguí jugando y dándole vueltas a la escritura.

El año pasado por primera vez en mucho tiempo decidí ponerme a prueba y dejar de jugar en el patio trasero. Pasar a un escenario en el que hubiera respuestas cara a cara y no sólo "Me gusta". Empecé una clínica de poesía, coordinada por la poeta Liliana Lukin, que ya llevaba 9 años de trayectoria y casi 40 libros editados dentro de la Biblioteca Nacional. Tras un año de trabajo y muchos tropiezos, desánimos, entusiasmos y pasiones surgió que sí, que yo también podía publicar mi primer libro y sentirme feliz por ello. Hasta hace dos meses los nervios podían conmigo y me convencían de que lo mío no se merecía tanto. ¿Por qué un libro? ¿Qué cambia?

Da para un debate extenso esto de los libros. Pero simplifico: cambió el punto de vista. Lo que escribo ya no es un continuum de posteos, de poemas sueltos, de papeles perdidos y documentos mal guardados en la PC. Ahora un grupito de ese montón fue pensado y repensado, pulido y discutido, y se ganó ocupar una de las menos de 60 páginas de este pequeño cuaderno.
Poco o mucho ya no importa. ES, y en ese estar siendo me da un lugar para habitar.
Una morada.

Lo que vengo buscando y haciendo carne, un espacio habitable, un lugar del recuerdo pero también del presente vivo, del futuro deseado, una lengua en la que decir mil cosas y que el juego las convierta en otras. Un espacio poético en el que se conjuguen las moreras que me han hecho un alto con su sombra, el verde vivo, el bordó pegajoso y dulce de la fruta, la perrita que supo alegrarme tantos años, el espacio hecho para morar, el color profundo.

Una morada para el juego, para enamorarme de la palabra, de la imagen poética y para desprenderme de ella, para pensar posibles y abrazarlos con el cuerpo entero. En tanto vivo en la palabra, este es mi punto de partida, el lugar desde el que puedo sentirme propia carne en mi cuerpo.

Pasen y vean, recorran y siéntense en los rincones.



Presentación: 22 de mayo 2015, 19 hs, en sala R. Cortázar, PB, Biblioteca Nacional, Agüero 2052, C.A.B.A.
Más información de la clínica, la colección miliuna y los otros 6 libros publicados en simultáneo:  http://coleccionmiliuna.wix.com/libros
Sobre Ayelen Rives
Un bocadito de poemas
Fotografía de tapa: "Sin título", 2015. Gabriela de Echave.

Morada, selección de poemas




IV
Raíces al aire,
la tierra descuajada.
Ella ha tenido la fuerza de voluntad
que no hemos podido cultivar nosotras;
por el contrario,
la hija, cuna de los miedos,
localización corpórea de lo no posible.
Visitar la infancia
para demolerla
con el hastío.
Desembolsar historias siempre incompletas,
acovacharse de siesta, comida y vacas,
de palmeras con lagunas artificiales,
de personas que murieron, personas que engordaron,
de lugares a los que sólo cambió la herrumbre,
lugares que no están en su sitio,
olor a tilo y pesticidas.
La historia de manual, esquina y pampa.


V
¿Qué hago yo?
Silencio en el campo si el viento no sopla.
Miro esas flores blandas y sus raicillas,
pruebo el pasto duro de comer,
rasco la corteza del sauce llorón y su savia resinosa se pega a mi piel.
Yo no estoy hecha del mismo material.
Ellas tienen su razón de ser:
las vacas se alimentan del pasto y de las flores,
nosotros comemos nuestras vacas.
El color de la mañana, ellas lo dictan;
después de la nieve también florecen.
¿Qué hago yo?
Me acomodo sobre las hierbas tiernas
que desbordan entre las piedras y el arroyo.
Abrazada a las rodillas, evito mirar el valle poblado
que se abre al otro lado del agua.
¿De qué estoy hecha?
Un agujero en el estómago.


Acerca de la imposibilidad
Todo el tiempo negándose a la puerta,
siempre oponiéndose al paso de entrada
como si se tratara de una montaña pero, después,
es una cortina por correr y
ya no hay para qué atravesarla.
Deseo.
¿Dónde estuve yendo tantas veces
mientras miraba el paisaje a mis espaldas?
Tengo un puñado de metáforas
instantáneas bajo la lengua.
¿Dónde estuve yendo tantas veces?
Miraba el paisaje.


Más info del libro en Morada